Esta es la historieta con guión de Oesterheld que versionamos con Fede Reggiani y que fue premiada en el último concurso de la revista Fierro. Está basada en un Ernie Pike que dibujó Solano López en el 58. La idea era mantener el texto tal cual (salvo un mínimo ajuste) pero contar otra historia. Algunas cosas salieron bien y otras no tanto. También pueden leer la versión original. Entreténganse un rato…
«¿Qué tal si en vez de hablar tanto sobre la guerra contra las drogas habláramos un poco sobre las drogas que podrían acabar con las guerras?» (Albert Hoffman)

«Albert Hofmann, el químico suizo que descubrió la droga alucinógena LSD, ha fallecido en su país natal a los 102 años, según anunció hoy, 29 de abril, la organización que reeditó su libro sobre la sustancia psicotrópica.»
Como su gran amigo Ernst Jünger (igualmente avezado psiconauta), ha muerto centenario, de viejo. Se le recordará como “padre de la era psicodélica” por su descubrimiento del LSD-25, que no fue casual, como suele decirse, sino imprevisto, dentro de las investigaciones médicas que estaba haciendo con los alcaloides de un hongo, el cornezuelo, que parasita el centeno. Pero Hofmann fue sobre todo un ejemplo en vías de extinción de científico humanista y sabio. Aparte de la mítica (literaria, musical, filosófica…) que ha envuelto al LSD desde la década de 1960, su uso y abuso, su éxito y su prohibición (convertida de golpe y porrazo de prometedor fármaco en “la amenaza número uno de América”), conviene señalar que sus extraordinarias propiedades farmacológicas (activa en millonésimas de gramo, sin dosis letal conocida, sin factor de tolerancia…), sedujeron durante la década de 1950 y 1960 a escritores como Jünger y Aldous Huxley, al singular Ken Kesey, a toda la llamada “contracultura” progre y hippie, a la antipsiquiatría, pero también a la CIA y a la psiquiatría institucional, a neurólogos y psiquiatras del mundo entero, hasta el punto de que en 1960 había ya 1000 comunicaciones científicas sobre esta sustancia.
El cuerpo principal de éste artículo está extraído de: http://ciencia.barrapunto.com
